LATINOS, GO HOME!
Se que es la utopía de todas las utopías pero nada cuesta soñar. Y tal vez si soñamos aprendamos a interpretar nuestros deseos reprimidos.
Imaginen que todos los hispanos que viven en los Estados Unidos recogen todas sus pertenencias y regresan a sus países. Si podemos ignorar por un instante el enorme desastre logístico que implicaría el desplazamiento de millones de personas, la idea me parece genial.
Según proyecciones del Selig Center of Economic Growth para el 2009 el poder adquisitivo de los latinos en USA va a pellizcar el billón de dólares, mas exactamente se estima que alcanzara los $992.000.000.000, ganándole por amplio margen a las demás minorías del país. Esta cifra supera en más de 300 mil millones de dólares a la deuda externa de todos los países latinoamericanos combinados.
Pero no es el dinero la base de mi teoría. Aunque indudablemente a cualquier economía le ayudaría enormemente una inyección tan grande de dinero, me interesa mas explorar conceptos como el amor por la patria, el sentimiento de culpa por haber abandonado a los seres queridos y la idea que todos los inmigrantes tienen de regresar algún día, tal vez a morir, en la “patria querida”.
Por más folklórico que parezcan estos conceptos, ninguno de ellos se evapora totalmente de la mente de quienes atravesaron la enorme pared de la nostalgia para radicarse en el norte, llevando una pesada carga sobre las espaldas, tal vez sin saberlo. Para muchos el sentimiento fue de alivio porque sintieron, erróneamente, que las penas se terminaban, o al menos ese era el comienzo de una vida mejor. La ilusión muchas veces sirve para dar esperanzas inclusive cuando la realidad es diferente.
Lo cierto es que el 90 por ciento de los inmigrantes que llegan a los Estados Unidos se sienten intimidados por el monstruo que los acaba de devorar. Primero porque nada se parece al país del norte. Lo que la gente que ha viajado te dice suele ser una realidad inflada a propósito para alimentar su propio ego, falsos cuentos de éxito y prosperidad. ¿A quien le gusta regresar derrotado? Yo me río cuando veo los aviones llenos de turistas vistiendo camisetas que dicen Orlando, Miami o New York. ¿Será divertido refregarle en la cara a los familiares que van a buscarte al aeropuerto que tu estuviste viajando y gozando y ellos no?
Segundo, porque siempre llegan con falsas expectativas. Tomando en cuenta lo antes dicho, la mayoría de las ilusiones se basan en falsas promesas: éxito fácil, prosperidad, dólares, una vida mejor. No pongo en duda que en los Estados Unidos se puede tener muchísimo éxito y vivir súper bien, eso nadie puede negarlo. Pero ¿que les hace pensar que si no triunfaron en sus países aquí va a ser más fácil? Por el contrario es mucho más difícil. No solo porque este es un mercado extremadamente competitivo y cerrado sino porque al inmigrante le toma muchos años dejar de ser un turista local para pasar a ser un residente inyectado en la sociedad.
Para lograr grandes cosas es necesario pensar como ellos, aprenderse las reglas, obedecer la ley. La diferencia es que para el norteamericano el éxito no es simplemente ganarse la vida y vivir cómodamente. Ellos fueron entrenados para pensar a lo grande y no detenerse hasta que ven caer los cadáveres. Triunfar a toda costa, pensar a lo grande, millones, billones. ¿Estamos los hispanos preparados para eso? La respuesta es no. Nos preparamos una vez que comenzamos a entender su idiosincrasia, nos hacemos parte del sistema. E inclusive en ese momento todavía estamos a miles de kilómetros de la meta.
Tercero, y muy importante para mi planteo inicial, que los hispanos radicamos nuestro cuerpo en el país de las 50 estrellas pero siempre dejamos nuestro corazón en la patria.
Por eso dejemos volar nuestra imaginación por unos instantes. Cerremos los ojos y hagamos de cuenta que todos los hispanos deciden recoger sus pertenencias, vender sus propiedades y transplantarse al lugar que los vio nacer. Mucho mas importante que lo que empacarían en sus maletas, llevarían en sus mentes todo lo que este gran país les enseño.
¿Qué pasaría?
Sin duda Latinoamérica ya no seria la misma porque en sus entrañas habría millones de personas que traerían de regreso no solo el agradecimiento de haber sido criados con valores morales y familiares que poco se ven en USA sino también toneladas de información, interpretada como solo nuestra cultura puede hacerlo.
Los aviones, barcos y automóviles regresarían llenos de líderes, grandes y pequeños, rebosantes de experiencias, anécdotas y verdades que solo ayudarían a que los países del sur sean mucho mejor de lo que son.
Allí los recibirían las sonrisas sinceras de quienes celebran la vida con otro sabor, otro ritmo, otra cadencia. Serian acogidos por costumbres que ya conocen, a las que no tendrían que acostumbrarse. El hogar, el calor humano, el olor de la comida casera, la vida como debería ser.
Si alguien cree que mi teoría es ridícula yo digo que mas que nada es utópica, descabelladamente ilusa, romántica, tonta por imposible pero no por falta de meritos.
Yo, en la medida que ustedes quieran, creo que ya es hora de que los hispanos dejemos de mirar hacia el norte buscando las soluciones a nuestros problemas, que dejemos de ser turistas de la ilusión y nos volvamos residentes de lo posible.
Ya mandamos a millones de embajadores a aprender el sistema, muchas de nuestras mentes mas fecundas también partieron. Ahora es el momento de aplicar tanta sabiduría para el bien de los que quedaron atrás, incluyendo nuestra propia familia.
Oyeron bien, dije “familia”, la base de nuestra propia existencia.
Imaginen que todos los hispanos que viven en los Estados Unidos recogen todas sus pertenencias y regresan a sus países. Si podemos ignorar por un instante el enorme desastre logístico que implicaría el desplazamiento de millones de personas, la idea me parece genial.
Según proyecciones del Selig Center of Economic Growth para el 2009 el poder adquisitivo de los latinos en USA va a pellizcar el billón de dólares, mas exactamente se estima que alcanzara los $992.000.000.000, ganándole por amplio margen a las demás minorías del país. Esta cifra supera en más de 300 mil millones de dólares a la deuda externa de todos los países latinoamericanos combinados.
Pero no es el dinero la base de mi teoría. Aunque indudablemente a cualquier economía le ayudaría enormemente una inyección tan grande de dinero, me interesa mas explorar conceptos como el amor por la patria, el sentimiento de culpa por haber abandonado a los seres queridos y la idea que todos los inmigrantes tienen de regresar algún día, tal vez a morir, en la “patria querida”.
Por más folklórico que parezcan estos conceptos, ninguno de ellos se evapora totalmente de la mente de quienes atravesaron la enorme pared de la nostalgia para radicarse en el norte, llevando una pesada carga sobre las espaldas, tal vez sin saberlo. Para muchos el sentimiento fue de alivio porque sintieron, erróneamente, que las penas se terminaban, o al menos ese era el comienzo de una vida mejor. La ilusión muchas veces sirve para dar esperanzas inclusive cuando la realidad es diferente.
Lo cierto es que el 90 por ciento de los inmigrantes que llegan a los Estados Unidos se sienten intimidados por el monstruo que los acaba de devorar. Primero porque nada se parece al país del norte. Lo que la gente que ha viajado te dice suele ser una realidad inflada a propósito para alimentar su propio ego, falsos cuentos de éxito y prosperidad. ¿A quien le gusta regresar derrotado? Yo me río cuando veo los aviones llenos de turistas vistiendo camisetas que dicen Orlando, Miami o New York. ¿Será divertido refregarle en la cara a los familiares que van a buscarte al aeropuerto que tu estuviste viajando y gozando y ellos no?
Segundo, porque siempre llegan con falsas expectativas. Tomando en cuenta lo antes dicho, la mayoría de las ilusiones se basan en falsas promesas: éxito fácil, prosperidad, dólares, una vida mejor. No pongo en duda que en los Estados Unidos se puede tener muchísimo éxito y vivir súper bien, eso nadie puede negarlo. Pero ¿que les hace pensar que si no triunfaron en sus países aquí va a ser más fácil? Por el contrario es mucho más difícil. No solo porque este es un mercado extremadamente competitivo y cerrado sino porque al inmigrante le toma muchos años dejar de ser un turista local para pasar a ser un residente inyectado en la sociedad.
Para lograr grandes cosas es necesario pensar como ellos, aprenderse las reglas, obedecer la ley. La diferencia es que para el norteamericano el éxito no es simplemente ganarse la vida y vivir cómodamente. Ellos fueron entrenados para pensar a lo grande y no detenerse hasta que ven caer los cadáveres. Triunfar a toda costa, pensar a lo grande, millones, billones. ¿Estamos los hispanos preparados para eso? La respuesta es no. Nos preparamos una vez que comenzamos a entender su idiosincrasia, nos hacemos parte del sistema. E inclusive en ese momento todavía estamos a miles de kilómetros de la meta.
Tercero, y muy importante para mi planteo inicial, que los hispanos radicamos nuestro cuerpo en el país de las 50 estrellas pero siempre dejamos nuestro corazón en la patria.
Por eso dejemos volar nuestra imaginación por unos instantes. Cerremos los ojos y hagamos de cuenta que todos los hispanos deciden recoger sus pertenencias, vender sus propiedades y transplantarse al lugar que los vio nacer. Mucho mas importante que lo que empacarían en sus maletas, llevarían en sus mentes todo lo que este gran país les enseño.
¿Qué pasaría?
Sin duda Latinoamérica ya no seria la misma porque en sus entrañas habría millones de personas que traerían de regreso no solo el agradecimiento de haber sido criados con valores morales y familiares que poco se ven en USA sino también toneladas de información, interpretada como solo nuestra cultura puede hacerlo.
Los aviones, barcos y automóviles regresarían llenos de líderes, grandes y pequeños, rebosantes de experiencias, anécdotas y verdades que solo ayudarían a que los países del sur sean mucho mejor de lo que son.
Allí los recibirían las sonrisas sinceras de quienes celebran la vida con otro sabor, otro ritmo, otra cadencia. Serian acogidos por costumbres que ya conocen, a las que no tendrían que acostumbrarse. El hogar, el calor humano, el olor de la comida casera, la vida como debería ser.
Si alguien cree que mi teoría es ridícula yo digo que mas que nada es utópica, descabelladamente ilusa, romántica, tonta por imposible pero no por falta de meritos.
Yo, en la medida que ustedes quieran, creo que ya es hora de que los hispanos dejemos de mirar hacia el norte buscando las soluciones a nuestros problemas, que dejemos de ser turistas de la ilusión y nos volvamos residentes de lo posible.
Ya mandamos a millones de embajadores a aprender el sistema, muchas de nuestras mentes mas fecundas también partieron. Ahora es el momento de aplicar tanta sabiduría para el bien de los que quedaron atrás, incluyendo nuestra propia familia.
Oyeron bien, dije “familia”, la base de nuestra propia existencia.
Comentarios